Misivas ll (El)

Segunda entrega de Misivas.

El

Buenas madrugadas, acabo de recibir su mensaje mientras me disponía a otra noche de insomnio por trabajo, cuento con un poco de tiempo y me permito responderle de una vez para no quitarle más del suyo (prosigo con las formalidades, ya que nos estamos hablando de usted). Sí, yo fui quien dejó las flores, no hubo un motivo especifico, definitivamente no era molestarla, las vi, eran hermosas y le pensé, nada más. Gracias por todas y cada una de las recomendaciones, en efecto no se equivocó y ocasionalmente he tropezado sin buscarlo con sus letras, es imposible no encontrarme en ellas si en cada verso, poema o escrito la escucho hablar sin censura de cada uno de los momentos, fechas y anécdotas que vivimos, cada palabra me transporta inevitablemente a las sensaciones, olores e imágenes de un pasado que comienza a envejecer en mi mente aunque siga vigente en mi corazón (perdone mi sinceridad, pero la negación, el autoengaño no se me da tan bien como a usted), a pesar que tengo talento para esconder mis sentimientos mi memoria de elefante me traiciona, así que me resulta imposible prescribirme dosis de amnesia, por más que he intentado los insomnios, los recuerdos inesperados, la tristeza y desazón no se van, aunque eso carece de importancia ya que desde siempre he estado acostumbrado a la melancolía rodeándome la vida, para mí es muy natural sentirme así, estar así, vivir así, triste con y sin usted. Agradezco su interés en aclararme la situación actual de su sentir, y si me amó con desesperación sepa que yo la amé con locura, llevándola en cada latido de mi sangre, en cada oración y sabe que nunca fui muy devoto de creer en Dios, pero cuando la conocí ya no pude dudar de su existencia y sus bendiciones. Que más le puedo decir, este rompimiento nos está quedando muy bonito, la invito a que sigamos así olvidándonos un poco cada día y alejándonos cada vez más por el resto de nuestras vidas, porque a eso nos ha llevado sin duda mi orgullo y su necedad, matamos la relación pero no el amor, eso lo sé porque nadie puede escribir así de bello como usted lo hace sin sentir absolutamente nada, al igual que yo no puedo leerla sin que se me escape un suspiro, una nostalgia perdida por lo que no será, si ya ha logrado olvidarme lo necesario para seguir adelante lo respeto. Usted y yo éramos como el día y la noche, eso resume mucho en lo que respecta al infierno maravilloso donde nos sumergieron las palabras (o la falta de ellas) y que no supimos sobrellevar. Tampoco la quiero de regreso aunque la llevaré siempre conmigo. Hablando de bautizos, si yo soy catarsis, usted es una tormenta. La mejor tormenta que me deshizo la vida que conocía y me enseño cosas nuevas, por eso el silencio, el escape, por eso las flores, por eso todo. No tome a mal nada de lo que he dicho y sepa que quiero que sea dichosa y feliz, aun si eso solo puede ser posible lejos de mí (estoy seguro que así es).

“Catarsis” (antes Santiago).

Autora: Artanis Nenmacil
Travesía de letras.

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Misivas

Entrega del primer proyecto epistolar que trabajé con compañeros escritores de mi localidad, fue una delicia aventurarme a escribir una historia por correspondencia, es la primera vez y entiendo que no es sencillo puesto que la historia solo viene implícita en una carta, es un reto ser precisos, breves y no redundar mucho así como también mostrar los sentimientos del personaje de manera correcta. Aguardé a pulirlo y de igual modo a registrarlo para poder compartirlo.

Espero sea de su agrado.

Misivas

Ella

Buenas noches, hace tiempo que no me dirijo a usted desde la última vez que mis palabras se escribían pensándole, el ramo de alcatraces sin tarjeta que alguien dejó en mi puerta esta tarde parece ser razón suficiente para hablarle en estas líneas, no me gusta que me obsequien flores (lo sabe) siento un mal presagio cuando las recibo, sin embargo solo una persona tiene conocimiento de que son mis preferidas y es a quien va dirigido este mensaje. Entiendo que su propósito no ha sido molestarme, quería mi atención y lo logró, después del silencio instalado, después de tanto tiempo acercarse así, en fin ya no importa nada, ahora me permito responder a su detalle con lo siguiente: si alguna vez tropieza usted con mis letras de nueva cuenta y encuentra rastros del amor de ayer en ellas, en caso de que mis palabras provoquen un concierto incesante en su pecho, por favor, no se confunda al creer que lo que siente al leerlas es un llamado mío a su alma y los latidos de su pecho la inevitable respuesta, en verdad le digo que esa sensación es de lo más normal del mundo: solo son los espasmos finales del adiós, y en caso de pensar que me engaño al ignorarle, más con mis versos demuestro que le recuerdo a cada instante y peor aún le quiero de regreso, en verdad me disculpo, debe ser pura casualidad y puede estar seguro que es un infortunado accidente literario, le informo (si aún no lo sabe y también para repetirlo las ocasiones precisas) que ya es olvido. Le aconsejo ampliamente busque la manera de infectarse de olvido para curarse de amor, si es que ese no ha sido su caso. Sírvase en usar las dosis requeridas de amnesia a su antojo, le aseguro por experiencia propia que resulta muy útil en el arte de curar mal de amores, dolor del alma, molestos insomnios y las benditas ganas de buscar lo que se ha perdido irremediablemente. Tenga a bien tomar mi consejo, recuerde que una de mis manías además de amarle desesperadamente, estuvo en cuidarle hasta con el pensamiento. Si sigue paso a paso mis recomendaciones le aseguro que muy pronto seré un nombre más en su larga lista de vivencias y no un recuerdo ocasional cuya mordedura le encoja el corazón en instantes inoportunos. Esos que solo pueden inspirar unos cuantos en la vida, con un dolor que no mata sino al contrario te hace sentir viva. Lo sé porque ha sido usted quien me ha llenado de ese tipo de momentos, admito que es de la clase de personas que una vez lejos hacen todo menos irse, porque hay personas que son insomnio, insomnios que son poema y entre ese pequeño espacio se encuentra, intangible y bello, lo que llamamos amor. Y para mí el amor un día tuvo su nombre, más debieron llamarle Catarsis, porque en mi vida hubo un antes y un después de su presencia, al distinguirlo con una sola mirada la primera vez que le vi entre la muchedumbre (si, eso aún no lo olvido) supe que no volvería a ser la misma nunca más, y comprendí que el destino, la felicidad y todos los cuentos de amor y dolor que me sabía desde niña cobraron sentido al usted llegar a mi vida para luego salir de ella. Un final distinto habría sido lo más apropiado para este amor, para lo que tuvimos, pero nosotros nunca nos destacamos en planear los instantes perfectos, estos venían solos y los que se planeaban nunca lo eran o no se lograban del todo. No se preocupe por mí, yo estoy bien, tanto como se puede estar después de un adiós sin reproches y sin ver a los ojos, me despido sin esperar respuesta y deseando su felicidad, que no dudo al igual que yo, la tiene sin mí, sin nosotros.

Amelia.

Autora: Artanis Nenmacil
Travesía de letras.

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Capitulo IV

Comparto el Fragmento de uno de mis proyectos literarios más queridos: Los funerales de la luna.

Espero sea de su agrado.

CAPITULO

IV

La primera vez que perseguí a Lucía fue en verano. Nunca he perseguido a nadie, menos a una mujer. Esperaba que llegara a mí, después del incidente en el café, pero no fue así, verla de nuevo, ese instante tardó tanto, eso que hay muchos tipos de esperas, y la mía, hacía que el tiempo se riera de mí, haciendo que me aferrara a la incertidumbre hasta rendirme y tomarme por sorpresa; cuando por fin sucedió era miércoles, hacía mucho calor, la ciudad nunca había estado tan molesta y bulliciosa, mis alumnos no llegaron, en la noche no tendría trabajo porque Martha me había castigado por enésima vez, fue el peor día de la semana, hasta que un minuto perdido en el tiempo, uno solo hizo que valiera la pena. Sumergida en ese tiempo breve, violento y sin avisar, tal como todo lo que llega a mi vida: apareció Lucia.

Los veinte pasos que ella camina de la plazuela al centro, por el atajo del parque han sido siempre mis favoritos, pero ese primer día fue épico, pasó como en cámara lenta, o al menos así la contemplé, hay algo en ella que tal vez nunca sepa explicar, ni a mí mismo. Me gusto verla. Eso es todo lo que se. Al caminar de cerca, sin mirarme, mi guitarra soltó notas que solo le hablaron a ella, aquella melodía siempre grita lo que nunca le he dicho a una mujer.

Lucia brilla mucho, posee una hermosa luz en los ojos, el cabello, la sonrisa, no sé cómo explicarlo, pero cuando ella camina se detiene todo, es de esas mujeres que tienen el poder de detener el tiempo, el latido, el aliento. A mí no me detiene el aliento, me lo quita. Ella es como el sol, igual de cálida. Es posible que esa sea la razón por la cual esta habitación ha comenzado a sentirse fría y oscura, ella no está aquí, es la única explicación.

La primera noche que pasamos juntos fue en este sitio, mientras ella dormía, tomé mi guitarra, me acerqué a la ventana y con la luna espiándonos comencé a tocar para Lucia. Solo para ella. Mientras soñaba un sueño donde yo no cabía aún. La miraba dormir tranquila, la miraba tanto que me dolieron los ojos, entonces los cerré y me concentré en seguir tocando, cuando los abrí de nuevo, ella ahora me miraba a mí, el sonido de la melodía la despertó. No estaba molesta, no dijo nada, solo se limitó a escuchar. Nos miramos. Sonreía. Esa sonrisa se quedó tatuada en mi mente, es de las pocas sonrisas que me erizan la piel, las que iluminan un cuarto oscuro. Sin importar donde estuviera, con esa mujer a mi lado, las palabras sobraban, todo era claro, ligero, porque ella se dejaba llevar como yo, por el viento.

A veces, durante otras noches, era ella quien me contemplaba dormido, desde la ventana, escribiendo.

– Es tan rara tu manía de ver a la gente mientras duerme –

Tal vez por eso me gustó, por rara, diferente a las demás, su modo de caminar, de mirar, de recogerse el cabello, sus letras y mi música no podían estar mejor en otra parte, en otro tiempo, sino en este precisamente, el día que comencé a seguirla en silencio con diez pasos atrás de los suyos intentando alcanzarla, sin poder hablar, arriesgándome a que terminara llamando a la policía para que me arrestaran por acosador. Eso lo hubiera hecho cualquier mujer, pero ella no. Lucia es la clase de mujer que sentiría mis pasos, escucharía mi silencio y sin voltear a mirarme, ahí, cerca pero lejos, su corazón entendería que el mensaje que le enviaba el tambor incansable en mi pecho, era para ella.

Así de pronto la vida me sabia distinta, cuando sus estragos hacían de mi pecho un concierto, en el instante en que supe que ella existía en este mundo y yo también, quien sabe por cuánto tiempo, pero estamos, como aquel día, uno detrás del otro, ella sin voltear y yo sin hablar. Tardó mucho en voltear lo sé. Aun hoy pienso que si prolongó el instante preciso de cruzar su mirada con la mía, fue porque al igual que a mí, el deseo y el miedo nos impulsaron y frenaron al mismo tiempo de romper el espacio entre nosotros…

Artanis Nenmacil
Travesía de letras.

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Thought of You

La nostalgia sirve para coleccionar recuerdos. Este es uno de esos instantes, donde el tuyo llega de golpe, y sin embargo, no tengo fuerzas para huir, no peleo, ni sufro, recibo la caricia de tu presencia con los brazos abiertos, he dejado de lado los formalismos del duelo que sé muy bien no se debería detener, porque el mundo no lo hace, la vida sigue, y no, no me aferro, ni a ti ni a esas pequeñas cosas que me hacen pensarte, pero si, aun estas, aunque tu esencia de lobo casi se desvanece como una sombra que de vez en cuando me sonríe en alguna esquina, o se esconde detrás de la letra de alguna canción, o algún lugar común donde nuestros besos encendieron el cielo, todo eso de a poco me parece ajeno. Y sin embargo te pienso, un poco cada día, ya sin dolor. El día 19 de este mes se cumple un año de haberte conocido y el saberlo no me mata ni me es indiferente, tan sólo es.

No te vas aunque tampoco te quedas, ya habrá un motivo para sacarte de mi cabeza, como lo hice con mi corazón. No, sé muy bien que aun estas, pero dejaras de estar en algún momento. Pronto.

Tú recuerdo me ha dado tregua, se va sin romperme, diciendo adiós a cada instante hasta que por fin su silencio me diga, que ya no serás más.

Gracias por haber estado.

Artanis Nenmacil

Travesía de letras.

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Infinito

Tejedora de palabras

universoCuánto se ha subestimado el “mientras tanto”, si a veces, entregar el presente promete más que cualquier “para siempre”.

Y fue así, un instante que duró un par de horas que en su fugacidad no procuramos eternizar, dejamos a un lado la torpeza de quienes reinciden por mera insistencia.

La memoria nos refugia en un beso que sí fue y Polanco nos recuerda caminando un domingo de junio y en año impar. Se resguardan los efímeros eternos en la complicidad de quien agradece las matemáticas resueltas hasta ocurrir el encuentro y la química surgida a partir de ello. Es ciencia en su máxima expresión, es fe… porque nada pasa, si ya todo ocurrió. Es el destino al dejar en nuestras manos el libre albedrío.

Me ausento como quien sabe que alejarse es lo adecuado aun si no volviésemos a encontrarnos después pero con la alegría de que existe alguien que…

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Letras que calan lo profundo del alma…

Años después de la guerra, después de las bodas, de los hijos, de los divorcios, de los libros. El había venido a París con su mujer, le había telefoneado, estaba intimidado, le temblaba la voz, ella reconoció el acento de China.
Él sabía que ella había empezado a escribir, se había enterado de la muerte de su hermano pequeño y lo había sentido por ella. Después ya no había sabido que decir y luego se lo había dicho, le dijo que todo era como antes, que todavía la amaba, que nunca podría dejar de amarla, que la amaría hasta la muerte.

“El amante” Marguerite Duras.

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El sabor del olvido…

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Es de noche y llueve, hoy fue un día cualquiera, sin mucha relevancia. Esa clase de día donde la vida te toma por sorpresa, sin que tengas tiempo de tomar aire a darle frente con el mejor de tus escudos, con la más fuerte de tus armaduras. Yo no tenía ninguna con que cubrirme las heridas del ayer, lo raro es, que no fue necesario. La vida me encontró con el alma desnuda y pude decirle a la cara: “no me debes nada, por el momento todo ha quedado saldado, ya vendrás en un futuro con algún nuevo reto para hacerme el camino interesante.”

El otro día platicaba con un escritor de internet y me confesó divertido que tiene como pasatiempo investigar a las personas que le parecen interesantes y misteriosas, me sorprendió que me incluyera dentro de esa denominación. Llegó de la nada a decirme “ni eres el demonio desalmado que anduvieron diciendo ni tampoco el ángel virginal que muestran tus letras”, “y entonces que soy” pregunté realmente divertida, “una mujer normal y además interesante” contestó, con una sonrisa le ofrecí respuesta a su opinión sobre mí. Esa era posiblemente la primera vez en mucho tiempo que no me importaba las habladurías que sé muy bien alguien que un día lejano compartió letras conmigo dijo injustamente a mis espaldas, por el contrario, actualmente tomo lo importante y reconozco que si bien no soy mala persona, he sabido cuando dar una estocada final si se me plantan queriéndome enfrentar. Solo soy una mujer, una que se conoce muy bien a sí misma y nada más.

Ahora que me he reconciliado con el último de mis demonios, supe que había quedado vacía de resentimientos, de odios, dolores, tristezas, de todo. Entendí que no existe un porqué sino el para qué, en el trayecto supe que el dolor si bien es inevitable, es parte de un todo, de aprender a valorar quien eres, de que estas hecho y sobre todo, cuidar con la vida aquello cargado de bondad cuando llegue a tus manos. Si, supe a quienes herí en el proceso de conocerme, ofrecí disculpas y olvidé. Si, olvidé. Forjé el camino de mi existencia con el peso de una pluma y la tinta sobre el papel, sé que mis silencios han desesperado a muchos a lo largo de mi vida, pero no entiendo ni conozco otro modo mejor en el cual pueda derramar mi alma que las letras, lo más acercado quizá sea una de mis miradas, de esas que lo dicen todo, pero el silencio reina en mí. Nunca he sabido ni he querido aprender otro modo mejor que esos dos detalles que me caracterizan, incluso creo que mis demonios se habían sentado todos estos años a mi lado, para recitarme al oído los poemas rabiosos y apasionados que dediqué a más de un amor en medio de un “te amo” incesante.

El tiempo pasa irremediablemente, y muchas veces no te das cuenta las cosas sutiles, sino en las importantes, un corte de cabello, quien de tus amigos se casa, quien tiene hijos, quien te pide perdón, o a quien ofreces disculpas muchas veces por cosas que ya ni recordabas pero que decidiste soltar por tu tranquilidad. Hay una niña de 5 años, esa que fui un día y que ahora siendo mujer sonríe, ella aprendió a cerrar sus heridas en silencio, caminando, recibiendo el calor del sol en su cara y la caricia del viento en sus brazos. Y es que no hay otro modo de enfrentar al destino que ese, caminando sin miedo, la incesante e inesperada travesía donde la vida se hace como las letras: en medio del silencio.

He perdonado a quien debía, en su preciso momento, he aprendido a soltar y a no mirar atrás y también, a reconocer esa sutil diferencia entre disculpar una ofensa y permitir que la persona que te lastimó regrese a tu vida, como si nada hubiera pasado, dispuesto a herirte con mayor ardor. Me di el permiso de alejarme para siempre de todo aquello que no me procure felicidad, bienestar ni crecimiento, y también de cederle libertad a quien no camine conmigo, porque a esta vida a eso venimos, a ser felices, a procurar felicidad a los demás, y a compartir lo bueno que tengamos para ofrecer. Me di el permiso de vivir plenamente, sin hacer daño a terceros, como debe ser. Ya ni siquiera recuerdo lo que es estar pegada al celular para recibir mensajes de mis amigos los cuales están asustados, piensan que algo me sucede, no es eso, tan solo estoy viviendo. Me dedico a escribir con personas en grupos de escritores en la ciudad donde vivo, me dedico a platicar frente a frente con amigos del trabajo, conocer nuevas personas y si, posiblemente dentro de todo eso, el amor toque a mi puerta, ahora una mano solicita tomar la mía, ojos avellana casi verde olivo, amplia sonrisa, le conocí en una reunión gracias a amistades en común, o como dijera alguien que quiero mucho “como se debería conocer la gente decente, en persona” y aunque no reprocho el haber conocido ya un amor gracias a las redes sociales, un amor bonito que ya el olvido se terminó de llevar de mí, y a pesar que he decidido darme espacio y contemplar el paisaje antes de apresurar al corazón, es agradable saber que todos sus matices los enseñó desde la primera vez que su mirada se encontró con la mía, sin otra pretensión que conocerme, sin abismos ni complicaciones, y sé muy bien que si llegara a tomar su mano, ese sería un placer absolutamente mío, suyo, únicamente de los dos. Agradezco a todos y cada uno de los seres que engendraron en mi el hambre de luchar, crecer y de no quedarme encerrada en la oscuridad.

La vida se arma de retazos de recuerdos, pero definitivamente el dolor no debe ser una añadidura a ellos. Eso es opcional.

La lluvia me lo dice, el olvido ha dejado de saber a herida abierta. Al final del día, lo entiendes, llega el justo momento en que el olvido lejos de ser parecido a la muerte tiene otro sabor distinto: sabe a perdón, a liberación, a vida. Y no existe nada más hermoso que eso, cuando el día menos pensado, el olvido te sabe a un nuevo comienzo.

Artanis Nenmacil
Travesía de letras.

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